Úbeda y Baeza

UBEDA

La ciudad de Ubeda adquirió su verdadera entidad en época árabe; sin embargo, en la época tardorromana y visigoda parece que ya existía un pequeño núcleo de población dependiente de la colonia Salaria -Úbeda la Vieja.
La fundó Abderramán II (822-852), que la llamó Medinat-Ubbadat Al-Arab (Úbeda de los Árabes.) Estaba incluida dentro del área de influencia del distrito (Kura) de Jaén.
Su recinto encerraba más de 35000 hectáreas. La ciudad fue conquistada definitivamente en 1233 por el Rey Fernando III el Santo, que dio un impulso decisivo a la Reconquista. La toma de Úbeda dio paso a la coexistencia de diferentes culturas (árabe, judía y cristiana). En la época cristiana Úbeda vio aumentar notablemente su ámbito jurisdiccional.
Hay que destacar su importante valor geoestratégico, determinante en este período de su historia. Su carácter fronterizo (Granada-Castilla), provoca que los reyes castellanos le otorguen numerosos privilegios y concesiones, como el fuero de Cuenca.
Por tanto, la riqueza y el esplendor que Úbeda alcanzó en el siglo XVI vino determinada por una multiplicidad de factores, entre los que pueden señalarse sus redes de comunicación, su extensa jurisdicción territorial, situación geográfica estratégica, y la presencia de una nobleza cada vez más poderosa.
En 1368 la ciudad fue asolada a causa de la guerra civil entre Pedro I de Castilla y Enrique II de Trastámara, lo que, en combinación con otras circunstancias, motivó el recrudecimiento de la rivalidad entre los bandos locales, lo que se resolvió cuando los Reyes Católicos tomaron parte en el asunto.
El siglo XVI será la época de máximo esplendor de toda la historia de Úbeda, que conoció un importante desarrollo económico por el incremento en la producción agrícola y la diversificación de la industria artesanal. También esta etapa fue característica por la presencia de personajes ilustres que dejarían huella en la historia de Úbeda, tales como San Juan de la Cruz.

BAEZA

El municipio de Baeza, situado en el centro geográfico de la provincia, forma parte de la comarca de La Loma y Las Villas, de la que ocupa su extremo suroeste. La villa, famosa por el esplendor renacentista de sus monumentos, es centro de influencia de los municipios del oeste comarcal. Su actividad económica principal es la agrícola ligada al cultivo del olivo, así como la industria oleícola, si bien el turismo monumental y cultural ha desarrollado una amplia oferta hostelera. La ausencia de tierras no agrícolas reduce los espacios de interés natural al río Guadalquivir y a los humedales de la Laguna Grande, declarada Paraje Natural. Entre su rico patrimonio arquitectónico, destacan la Catedral (siglo XVI), obra de Andrés de Vandelvira, la Iglesia de Santa Cruz (siglo XIII), de estilo románico tardío, la Iglesia del Salvador (siglo XV), el Convento de San Francisco, el Ayuntamiento y la Iglesia de San Andrés, todos del siglo XVI.